Chica tecno: Ada Lovelace

¿Quién es la chica cuyo rostro aparece en los certificados de autenticidad de Windows? ¿Es la hija de Lord Byron? ¿La primera programadora de computación? ¿La amante del creador del caleidoscopio? ¿Es la mujer que creó el primer lenguaje de programación y en cuyo honor se bautizó otro basado en Pascal? ¿Estamos hablando de Lady Lovelace? ¿La mujer en cuyo honor se celebró el 24 de marzo el Ada Lovelace Day con el objetivo de bloggear en favor de las mujeres y la tecnología?

Si, estamos hablando de ella, de Ada Augusta Byron King, Lady Lovelace.

La hija del célebre poeta y de Annabella Milbanke nació en el Reino Unido el 10 de diciembre de 1815. Se cuenta que cuando estaba naciendo Ada, Byron dijo a un amigo que esperaba que su hija fuera cualquier cosa menos poeta. Cuando apenas tenía un mes de edad sus padres se separaron y su madre consiguió la custodia de la niña, porque por nada del mundo quería que la pequeña estuviera con su padre ni siguiera sus pasos literarios y bohemios.

Ada fue una niña de salud endeble: era asmática y tuvo parálisis en ambas piernas, pero con el tiempo se convirtió en gimnasta y amazona. Como provenía de una familia acomodada, tuvo excelentes profesores. Su madre se preocupó por que se inclinara hacia el mundo de las ciencias y no el de las artes: fue instruida en astronomía y otras ciencias. El primer profesor de matemáticas de la Universidad de Londres, Augustus de Morgan, fue su maestro y él le presentó a Mary Sommerville, excelente matemática que había publicado un libro sobre mecánica celeste.

Un día, cuando tenía 17 años, Ada asistió a una conferencia que daba Dionysus Lardner en el Instituto de Mecánica sobre la máquina de Charles Babbage: allí la joven conoció el trabajo de quien es considerado el padre de las computadoras.

Tan maravillada quedó con la conferencia, que llegó a su casa y le escribió una carta a Babbage: de esta relación epistolar surgirían acontecimientos que aún hoy repercuten en nuestras vidas...

(continuará)

por Marta Gaba

La primera aviadora venezolana


Mary Calcaño nació en Ciudad Bolivar el 15 de agosto de 1906 y
 se graduó de piloto aviadora el 13 de noviembre de 1939 en Estados Unidos de Norteamérica: fue la primera mujer venezolana aviadora.

Mary compró su propio avión y junto con otros colegas fundó la primera escuela de aviación privada en La Carlota en agosto de 1946.


Se dice que fue una de las primeras mujeres venezolanas que se animó a fumar en público, que trabajó en una oficina como empleada y que se dio baños en una playa.

Mary también fue la primera mujer en aterrizar en un aeropuerto militar en Estados Unidos, el Peterson Field, comandando un escuadrón compuesto por cinco mujeres, el "Grasshopper Squadron". Sucedió en noviembre de 1941

En el periódico "St.Petersburg Times" del 3 de enero de 1942, aparece reflejada su visita a Kansas para conocer la fábrica donde se construyó el avión donde había aprendido a volar.

Para homenajearla, su nieta María Angelina Keeler ha colocado en su sitio web un excelente resumen de la vida de Mary en fotografías, que podemos ver en: http://www.marikeeler.com/MaryCalcanoRuiz/


 Por Marta Gaba


 

Eulalia Ares de Vildoza, revolucionaria y primera gobernadora argentina

Un día de 1809 nació Eulalia, en el seno de una antigua familia de Catamarca. Se casó a los 18 años con un militar, el Teniente José Domingo Vildoza, quien era hijo de hacendados de Ipizca. José era partidario del derrocado Gobernador Ramón Rosa Correa y, por sus preferencias políticas, fue desterrado en 1862 a otra Provincia. Eulalia no iba a permitir que su esposo estuviera lejos por defender su postura y a los cincuenta y tres años esta mujer abrió su puerta a la historia de Catamarca, con la finalidad de restituir a Correa en el cargo.

Así, Eulalia decide marchar a Santiago del Estero para conseguir armamento y pertrechar al escuadrón integrado por sus amigas, con quienes convino atacar la sede del gobierno. El 17 de agosto de 1862, veintitrés mujeres vestidas con ropa de varón tomaron por la fuerza el Cuartel de la Guarnición y asaltaron la casa
del gobernador, encabezando un pronunciamiento popular que destituyó al usurpador del poder Moisés Omil, a quien
hicieron huir de la provincia.

Por doce horas, Eulalia se consagró Gobernadora mientras la Asamblea Popular designaba Gobernador Interino a Pedro Cano, quien propuso la nueva asunción del Gobernador Correa en doce días.

Con sus hermanas auspició la instalación de la Sociedad de Beneficencia de Catamarca haciendo una importante contribución. Falleció en su ciudad natal, a los setenta y cinco años, el 16 de junio de 1884, habiendo auspiciado también la creación de la Sociedad de Beneficencia de Catamarca junto con sus hermanas.


Marta Gaba


 

La primera en caminar entre las nubes…

Amalia Celia Figueredo de Pietra

Amalia nació en Rosario el 18 de febrero de 1895. Cuando sus padres, Honoria y Faustino, la tomaron en brazos, no sospecharon que aquella niña sería la primera mujer argentina en elevarse hasta las nubes en un artefacto más pesado que el aire… Claro, Santos Dumont realizó el primer vuelo por medios propios (sin necesidad de catapulta) recién en 1906, así lejos estaba el matrimonio Figueredo de imaginar algo por el estilo…

En 1914, alentada por su madre y ante la disconformidad de su papá, Amalia comenzó a interesarse en la aventura de volar. En Villa Lugano conoció a un francés aviador y constructor de aeroplanos, Paul Castaibert, y realizó con él su primer vuelo. Tal fue la sensación que tuvo Amalia que se decidió por tomar un curso de pilotaje con el aviador. Al principio, se encontraba feliz pero al tiempo, la joven advirtió que sus compañeros comenzaban a volar solos mientras que ella debía hacerlo, siempre, acompañada. Al preguntarle a su profesor, recibió por respuesta: «Tengo gran temor porque sos mujer y me preocupa que te pueda pasar cualquier cosa.»

Indignada, Amalia cambió de escuela de pilotaje: se matriculó en la de San Fernando, dirigida por Marceille Paillette y Pablo Teodoro Fels, Tuvo un padrino aeronáutico de leyenda: Jorge Newbery, quien la alentaba para que se convirtiese en la primera aviadora argentina. Pero no fue posible que él la viera obteniendo su brevet: siete meses antes, Newbery falleció en un accidente de aviación en Los Tamarindos (hoy, El Plumerillo).

Amalia comenzó a preparase para su examen. Pero, según cuentan, manos anónimas le aflojaron los tensores de su aparato. Cuando Amalia se encontraba a unos setenta metros de altura, notó que la palanca se le iba de entre las manos y se quedó sin controles, circunstancia que la llevó a aterrizar haciendo planear la nave. Ella no sufrió ni un rasguño, pero el aparato tuvo algunas averías. Ese 6 de septiembre no obtuvo su brevet, pero menos de un mes después, el 1º de octubre de 1914, a los 19 años, se convirtió en la primera aviadora argentina y sudamericana. Su brevet fue el número 1 de la Aviación Femenina y el Nº 58 de la Aeronáutica Internacional, otorgado por el Aeroclub Argentino.

En su nuevo rol profesional, Amalia ya estaba habilitada para realizar exhibiciones… y, la verdad, lo que le sucedió fue toda una exhibición…En un vuelo en Rosario, Amalia perdió altura y cuando estaba sobrevolando el cementerio San Salvador, enganchó el tren de aterrizaje en la cruz de un panteón y el aeroplano comenzó a caer. La joven no quería caer dentro del cementerio y trató de dar vuelta en una maniobra veloz. Logró evitar el camposanto…pero se aplastó encima del tranvía número 15 que pasaba por allí. Por suerte, nuevamente salió ilesa y pudo disfrutar de una larga vida.

Doña Amalia falleció a los 90 años el 8 de octubre de 1985.-


 

Elida Passo, la primera universitaria argentina

Elida era una joven que decidió seguir una carrera universitaria en Argentina, cuando ninguna mujer lo había intentado aún.

Su entrada al mundo universitario fue en la Facultad de Humanidades y Filosofía de la Universidad de Buenos Aires, donde estudió durante tres años, sin llegar a terminar la carrera.

Más tarde, dirigió su atención hacia la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, pero allí las cosas no le resultaron fáciles: el medio universitario de la época era hostil para las jóvenes. Fue cuando decidió cambiarse a la carrera de Farmacia, siguiendo los pasos de su padre farmacéutico.

Élida se recibió de farmacéutica en 1885 y se convirtió en la primera mujer profesional de esa especialidad.

Con un título universitario en su haber, Elida intentó matricularse en la Facultad de Medicina pero se le negó la inscripción, alegando las incomodidades que debería afrontar una mujer al compartir la carrera con hombres. Esto no logró frenar las intenciones de Elida, quien optó por iniciar un recurso judicial. La joven farmacéutica tuvo éxito y se ordenó su inscripción en Medicina.

El reclamo judicial que promoviera Elida tuvo mucha repercusión en los ámbitos académicos y en los diarios de la época y hubiera sido nuestra primera médica si la tuberculosis no le hubiera provocado la muerte antes de recibirse.

Hasta siempre, Julieta (V)

El 8 de setiembre de 1930, el presidente constitucional don Hipólito Yrigoyen, perteneciente al Partido Radical, sufrió el golpe de Estado liderado por el General Uriburu y fue derrocado; el anciano presidente fue apresado y se lo detuvo en la Isla Martin García. La noticia fue redactada por el poeta Leopoldo Lugones, quien ya había manifestado públicamente que el feminismo era "una enfermedad social, un mero agente de destrucción".

Por supuesto, Lugones era el único que pensaba de ese modo: los miembros de la paramilitar Legión Cívica Argentina perseguían comunistas y socialistas, anarquistas judíos y feministas.

El General Uriburu, quien tuvo el triste privilegio de ser el primer presidente de facto, gobernó durante un año y en ese período Julieta Lanteri se dedicó a atender en su consultorio de médica y a organizar inofensivas tertulias literarias, para distraer al gobierno golpista.

Los golpistas en el gobierno y muchos ciudadanos consideraban que el pueblo no sabía votar, de modo que era necesario crear ligas y legiones para defender a la autodenominada Revolución (que había sido, en realidad, un golpe de Estado). El secretario de la presidencia, fue el impulsor de este plan, secundado por le médico Floro Lavalle que se se dedicó a implementarlo: surge así la Legión Cívica Argentina, grupo paramilitar que recibió instrucción en los cuarteles.

El 20 de febrero de 1932 asumió la Presidencia de la Nación el General Agustín P. Justo, produciéndose al día siguiente manifestaciones de socialistas y radicales en varios puntos de la Ciudad de Buenos Aires, exigiendo "procesos a todos los responsables de la tiranía y castigo y disolución de la Legión Cívica". La respuesta de los paramilitares fueron fuertes ataques a balazos.

Mientras tanto, Julieta, reunida con otras feministas, puso en marcha la convocatoria de afiliadas del Partido Feminista y realizó un aporte de setecientos pesos para la campaña contra los golpistas.

Tres días después, el 23 de febrero, Julieta caminaba por Diagonal Norte y Suipacha; eran las tres de la tarde cuando sucedió lo imprevisible: un automóvil conducido por un miembro de la Legión Cívica Argentina subió a la vereda y la atropelló. Los intentos por salvarla fueron inútiles y falleció el 25 de febrero de 1932. Tenía cincuenta y nueve años.-

“En el parlamento una banca me espera, llevadme a ella” (IV)


Se acercaban las elecciones nacionales del 7 de marzo de 1920 y en vísperas de los comicios, un año antes, Julieta Lanteri funda el Partido Feminista Nacional, cuya plataforma establecía "derecho de sufragio para la mujer argentina y extranjera contribuyente".

Continuando con su objetivo, se postuló como diputada, convirtiéndose de este modo en la primera mujer candidata de la República Argentina.

Pero las cosas no iban a ser tan sencillas: nuestra protagonista descubrió que su nombre no figuraba en los padrones. Entonces se dirigió, junto a un grupo de mujeres, a los Registros Militares de las secciones segunda y cuarta de la Capital Federal para solicitar ser enrolada, pero los militares y el Ministro de Guerra rechazaron sus pedidos.

Las negativas parecían incentivar a Julieta. Acudió entonces nuevamente a la justicia pero su planteo fue considerado inadmisible porque se dijo que debía exhibir la masculina libreta de enrolamiento, documento que solo se otorga a los hombres. La negativa no le hizo mella: presentó una nota a la Junta Electoral, que luego fue publicada por el diario La Nación el 18 de marzo de 1919:

"Siendo ciudadana argentina, por nacionalización y, en virtud de sentencia de la Corte Suprema no figura mí nombre en el padrón electoral, no obstante las gestiones que he realizado con tal propósito. Creo sin embargo, que ello no constituye impedimento alguno para la obtención del cargo de diputado, y ya que la Constitución Nacional emplea la designación genérica de ciudadano sin excluir personas de mi sexo, no exigiendo nada más que condiciones de residencia, edad y honorabilidad, dentro de las cuales me encuentro, concordando con ello la ley electoral, que no cita a la mujer en ninguna de sus excepciones".

Justamente, en aquel año de 1919 en que nació Eva Duarte de Perón, el diputado de la Unión Cívica Radical Rogelio Araya presentó el primer proyecto de ley de sufragio femenino…

Julieta continuó dando batalla en las elecciones nacionales posteriores, presentándose como candidata a diputada en 1924 y 1926 por el Partido Feminista Nacional, aunque nunca consiguió su banca.

La vida de Julieta da para escribir muchísimos artículos (de hecho, les recomiendo dos libros: la biografía "Paloma blanca", por Ana María De Mena y "Julieta Lanteri, la pasión de una mujer", por Araceli Bellota), pero nosotros vamos a cerrar la historia en el próximo capítulo. Todavía quedan muchísimas vidas que visitar en esta galería de mujeres.

Julieta y el primer voto femenino en Sudamérica (III)


En el año 1911 la Municipalidad de Buenos Aires convocó a los vecinos de la Ciudad para actualizar sus datos de empadronamiento porque se acercaban las elecciones municipales de legisladores. La convocatoria estaba dirigida a los ciudadanos mayores, residentes en la ciudad, que tuvieran un comercio o industria o ejercieran una profesión liberal y pagasen impuestos. Julieta se dio cuenta que la convocatoria no explicitaba si los convocados eran hombres y/o mujeres y como lo que no está prohibido está permitido... se inscribió en la Parroquia San Juan Evangelista del barrio de La Boca.

Julieta mostró al empleado que la atendió su carta de ciudadanía (que tanto trabajo le dio conseguir) y una copia de la ley 5098 que disponía que se renovara el padrón de la Capital Federal cada cuatro años. En el artículo 7, la ley establecía como condiciones para inscribirse en el registro: ser ciudadano mayor de edad, saber leer y escribir, presentarse personalmente a realizar el trámite, haber pagado impuestos comunales por valor de 100 pesos como mínimo o ejercer alguna profesión liberal dentro del municipio y tener domicilio en la Ciudad por lo menos desde un año antes. Julieta reunía muchos de aquellos requisitos y el empleado la inscribió, entregándole una boleta con el texto que abajo copiamos:

"Inscripción Municipal. Sección 2ª, Mesa 1.Doctora Julieta Lanteri de Renshaw, de nacionalidad naturalizada, profesión médica. Domicilio en calle Suipacha Nª782 y que paga impuesto…. De $.... ha sido inscripta bajo en Nº 80".

Cuando llegó el día de las elecciones, el 26 de noviembre de 1911, nuestra protagonista votó en la mesa correspondiente instalada en la iglesia. Ante la sorpresa general, Julieta entrega su documento al Presidente de mesa, Dr. Adolfo Saldías. En una época como la nuestra en que es difícil conseguir autoridades de mesa, quien recibió la documentación de Julieta era abogado, historiador, político, militar y diplomático; había sido vicegobernador de Buenos Aires, enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Bolivia, diputado nacional…

Volviendo a nuestra historia, el Dr.Saldías felicitó a Julieta y se mostró complacido por haber firmado el documento del primer voto de una mujer en Argentina y en Sudamérica. Después, la decidida médica se presentó en los dos periódicos más leídos en Buenos Aires (La Nación y La Prensa) y relató la experiencia. Las portadas del día siguiente dieron cuenta de la noticia.

Las consecuencias de esta acción cívica no se hicieron esperar: poco tiempo después, el Concejo Deliberante sancionó una Ordenanza donde especificaba claramente que estaba prohibido el voto de las mujeres porque el empadronamiento se basaba en el registro de empadronamiento del servicio militar.

Nobleza obliga, debemos informar que hay quienes dicen que la primera mujer que votó en Latinoamérica fue la ecuatoriana Matilde Hidalgo Navarro de Procel en 1924 (si nos atenemos a nuestros registros, la primera fue Lanteri). Increíblemente, Matilde tiene una historia más que parecida a la de Julieta… en muchos aspectos podríamos decir que es un calco. Pero habláremos de Matilde en una próxima entrega… por ahora nos quedamos pensando: ¿qué nuevos desafíos se presentarán en la vida de Julieta?

Julieta comienza a luchar (II)


Julieta fue bautizada como Julia Magdalena Angela Lanteri y había nacido en Cuneo, Italia, el 22 de marzo de 1873. Cuando la niña tenía seis años, sus padres Antonio y Matea, decidieron viajar a Argentina en busca de progreso. Así, la familia (también venía con ellos la hermanita de Julieta, Regina) llegó a Buenos Aires y después de un tiempo, se afincaron en la recién fundada ciudad de La Plata.

Cuando terminó la escuela primaria, Julieta quiso estudiar en el Colegio Nacional de La Plata, el colegio universitario que la habilitaba para una carrera posterior, pero en esos tiempos el Colegio solo admitía el ingreso de varones. Julieta y su familia se las ingeniaron y la niña pudo realizar allí sus estudios, egresando en 1895. Fue la primera mujer en ser admitida en el Colegio Nacional de La Plata

Al terminar sus estudios en el Colegio, se decidió por la Medicina, una actividad vedada a las mujeres, pero pudo ingresar a la Universidad por un permiso especial que le concedió el Decano Leopoldo Montes de Oca. Así, Julieta se convirtió en la quinta mujer en recibirse de médica en Argentina y la primera italiana en obtener un título universitario en Argentina. Las precursoras en la Medicina habían sido Cecilia Grierson y Elvira Rawson de Dellepiane. Más tarde, junto con Cecilia Grierson, fundaría en 1904 la Asociación Universitaria Argentina.

Ya con el título de médica en la mano, fue por el doctorado: en 1907, a los treinta y cuatro años, presentó su tesis, apadrinada por el Dr. Mariano Paunero. El tema elegido fue "Contribución al estudio del Deciduoma Maligno" y aprobó con una calificación de ocho puntos, obteniendo así el grado de Doctor en Medicina y Cirugía.

Pero claro: no bastaba con los títulos y ese año se le negó la adscripción a la Cátedra de Enfermedades Mentales por no ser ciudadana argentina. Julieta no iba a permitir que un tema legal le impidiera cumplir sus objetivos, de modo que luchó por obtener su ciudadanía.

Mientras tanto, sucedían cosas en el corazón de Julieta: en 1909, cuando con treinta y seis años ya se la consideraba una solterona, se casó con Alberto Renshaw, un joven norteamericano criado en España y catorce años menor que ella. 

Al año siguiente, en 1910, tuvo lugar en Buenos Aires el Primer Congreso Femenino Internacional, con la finalidad de celebrar el primer centenario de la Revolución de Mayo en Argentina. La organización estuvo a cargo de la Asociación Universitarias Argentinas… y quien tuvo la idea de organizar el Congreso fue Julieta.

También ese año Julieta inició los trámites judiciales para solicitar la ciudadanía. El juez federal que entendió en el caso falló favorablemente y realizó una comparación con las sociedades más avanzadas como Estados Unidos e Inglaterra, donde las mujeres tenían derechos políticos y civiles “sin llegar a los extremos de las feministas”. Sin embargo, estas consideraciones no satisficieron al procurador fiscal de primera instancia quien se opuso, aduciendo que la ley 346 sobre ciudadanía de 1869 no establecía que una mujer pudiese obtener carta de ciudadanía porque en la legislación argentina le estaba vedado el ejercicio de los derechos políticos. Julieta entonces apeló el fallo y el procurador fiscal aconsejó al juez revocar su decisión con el fundamento de que, al ser casada, Julieta no podía estar en juicio sin autorización del marido, según lo disponía el Código Civil.

Ahora debía entrar en el juego su esposo: Alberto Renshaw autorizó las actuaciones de su esposa y así el Fiscal de Cámara Horacio Rodríguez Larreta dictaminó en favor de la ciudadanía, argumentando que ni la Constitución Nacional ni la ley limitaban el derecho a la naturalización en función del sexo. Del mismo modo se expidió por unanimidad la Cámara Federal y así Julieta obtuvo la carta de ciudadanía el 15 de julio 1911.

¿Qué nuevos desafíos esperaban ahora a Julieta?

Julieta y muchas preguntas (I)


La siesta del 23 de febrero de 1932 fue, seguramente, calurosa, como todas las siestas de febrero en Buenos Aires. Julieta caminaba por Diagonal Norte y Suipacha cuando un automóvil se subió a la vereda, la atropelló y dejó gravemente herida.

Los intentos de los médicos por salvarla fueron inútiles y la mujer, de 59 años, falleció dos días después. Si hoy quisiéramos investigar la muerte de Julieta, nos encontraríamos con que las actas labradas por la policía son ilegibles y que los expedientes judiciales han desaparecido. ¿Por qué querríamos investigar una muerte por accidente de tránsito que se produjo hace setenta y siete años?¿Por qué deberíamos deducir que la falta de documentación se debe a una supuesta conspiración? Alguien más tuvo, en ese entonces, sus sospechas: Adelia Di Carlo, una periodista amiga de Julieta que escribía en "Caras y Caretas". Ella instaló la duda sobre las causas de la muerte. No era para menos: Julieta ya había recibido amenazas y sus temores se remontaban a 1930…

Pero… ¿quién era Julieta? ¿Por qué alguien habría decidido matarla y hacer pasar su muerte por un accidente? ¿Por qué tantos funcionarios de diverso rango ocultarían expedientes e impedirían el acceso a aquella información?

¿Tal vez porque Julieta fue la primera mujer que votó en Sudamérica…?

¿O porque fue la primera mujer candidata a un cargo nacional electivo en Argentina…?

¿O porque organizó con Alicia Moreau el primer simulacro de votación callejera en 1919…?

¿O, mucho antes, por haber sido la primera niña admitida en el Colegio Nacional de La Plata, reservado exclusivamente para varones…?

¿O por haberse convertido en una de las primeras estudiantes de medicina, cuando la profesión estaba vedada las mujeres, habiendo ingresado en la Facultad por un permiso especial del decano…?

¿O porque fue la primera mujer italiana en obtener la ciudadanía argentina, sentando jurisprudencia con su caso…?

¿O porque fue quien tuvo la idea de organizar el Primer Congreso Femenino Internacional, conmemorando el primer centenario de la Revolución de Mayo…?

¿O molestó a alguien que Julieta le advirtiera con preocupación al Presidente de la Nación Marcelo Torcuato de Alvear los vientos autoritarios que venían soplando?.

¿Todo eso habrá sellado el destino de Julieta Lanteri?

En las próximas entregas, iremos conociendo un poco más de la vida de esta luchadora pionera. 

De amores y reclusiones: Mariquita Sánchez y Martín Thompson

"En Buenos Aires existía una institución eclesiástica 

donde los padres concurrían para depositar a niñas díscolas

que se permitían contestar sus designios"

Dora Barrancos, "Mujeres en la sociedad argentina"


Cuenta la historia que a fines del siglo XVIII, los jóvenes menores de 25 años que deseaban casarse debían contar con la autorización paterna, tal como lo establecía la Real Prágmática de 1776. Por aquellos tiempos, los matrimonios solían ser arreglados por los padres pero estaba prevista una acción judicial para el caso de que la hija o el hijo no obtuvieran la venia para casarse. Los padres alegaban razones de lo más diversas: limpieza de sangre, falta de virtudes, exceso de edad, falta de recursos e, incluso, fealdad del pretendiente. En caso de que los jóvenes optaran por la acción judicial, se iniciaba una causa por disenso.

Pero las cosas no eran tan simples: mientras duraba el proceso, muchas veces las jóvenes solían ser depositadas en la Santa Casa de Ejercicios Espirituales, fundada por sor María Antonia de la Paz y Figueroa e inaugurada en Buenos Aires en el año 1799. En aquella casa las jóvenes rebeldes permanecían en la más completa reclusión, bajo la estricta supervisión de las monjas.

Una brillante joven de aquel entonces, María de Todos los Santos Sánchez de Velazco y Trillo (la famosa Mariquita Sánchez, en cuya casa se tocó por primera vez el Himno Nacional Argentino) se topó con la negativa de sus padres a aprobar el casamiento con su primo Martín Thompson. Los progenitores la habían comprometido con Diego Del Arco y entonces la joven decidió acudir a la Justicia. Mientras se sucedían los trámites y se le concedía autoridad al virrey para permitir (o no) los casamientos que impedían los padres, transcurrieron tres años, período en el que Mariquita, de 24 años, fue depositada en la Casa de Ejercicios Espirituales mencionada anteriormente.

Relatan que a pesar del férreo control que ejercían las religiosas, Martin Thompson encontró la forma de visitar a Mariquita: disfrazado de vendedor de plumeros (o de aguatero, según los relatos), ingresaba por la puerta de proveedores (sobre la actual calle Estados Unidos) y los enamorados se contentaban con mirarse unos minutos.

El juicio se terminó cuando los jóvenes obtuvieron la dispensa y pudieron contraer matrimonio, en 1805.-


 

Actualizaciones de Twitter

    follow me on Twitter